Recuerdo el momento en que caí en cuenta de lo que significaba realmente estar en Guinea Ecuatorial.
No fue en el quirófano. Fue una mañana ordinaria, revisando la lista de pacientes que esperaban verme, cuando alguien me dijo algo que me detuvo en seco:
«Doctor, usted es el único retinólogo que hay en este país.»
En ese momento entendí que lo que yo hiciera — o dejara de hacer — no tenía sustituto. No había a quién referir al paciente si yo no podía ayudarlo. No había una segunda opinión a dos horas de distancia. Era yo, o no había nadie.
Esa responsabilidad me cambió para siempre.
Cómo terminé en África
No fue un plan cuidadosamente trazado. Fue un impulso.
Acababa de terminar mi formación en Israel — especialidad en oftalmología en el Technion de Haifa, alta especialidad en retina en el Hospital Sourasky-Ichilov de Tel Aviv — y una beca en la European School of Advanced Studies in Ophthalmology en Lugano, Suiza. Tenía las herramientas. Tenía la formación. Y de repente apareció una oportunidad en Guinea Ecuatorial.
La tomé.
No sabía exactamente qué me esperaba. Pero desde el primer día sentí algo que no había sentido con la misma intensidad durante mis años de formación: la sensación de que cada decisión que tomaba importaba de una manera concreta, inmediata e irreversible.
Lo que Africa me enseñó que ningún programa académico pudo
En Guinea Ecuatorial trabajé en un hospital privado atendiendo también a pacientes del gobierno. Después me moví a Angola, donde hice lo mismo — hospital privado e institución pública — con una diferencia: los casos en Angola eran aún más complejos.
Pacientes con desprendimientos de retina que llevaban semanas, a veces meses, sin atención. Retinopatías diabéticas en etapas avanzadas porque nadie las había detectado a tiempo. Personas que habían perdido la esperanza de volver a ver con claridad — o de ver, simplemente.
Aprendí a operar con lo que había. Aprendí a tomar decisiones quirúrgicas rápidas en situaciones donde no había tiempo ni recursos para dudar. Aprendí que la medicina de alto nivel no se define por el equipo que tienes, sino por el criterio que desarrollas cuando el equipo no es perfecto.
Y aprendí, sobre todo, que casi siempre hay algo que se puede hacer. Que la diferencia entre un paciente que recupera la visión y uno que no, muchas veces no está en la tecnología — está en la disposición del médico de intentarlo cuando todo parece indicar que no vale la pena.
Eso no lo aprendí en Israel. No lo aprendí en Suiza. Lo aprendí en África.
El paciente que nunca voy a olvidar
No voy a dar nombres ni detalles que identifiquen a nadie. Pero sí puedo decir que hubo casos — varios — que llegaron a mí cuando otros médicos ya habían dicho que no había nada que hacer.
En más de una ocasión, ese paciente recuperó visión funcional.
No siempre. La medicina no es magia y la honestidad con el paciente es parte fundamental de mi práctica. Pero sí con más frecuencia de lo que la lógica indicaría, simplemente porque alguien decidió intentarlo.
Esos casos son los que me recuerdan, cada vez que entro a un quirófano en Monterrey, por qué hago esto.
Por qué regresé
Después de seis años en África, regresé a México por la razón más humana de todas: mi familia creció.
Nació Mauricio, mi hijo. Y supe que quería que creciera aquí, en su tierra, con su gente. Monterrey era la respuesta obvia — mi ciudad, mis raíces.
Pero también vi algo cuando regresé: que en el noreste de México había una necesidad real de un retinólogo con formación internacional que atendiera con la misma calidad que se ofrece en Houston o en Madrid — sin que el paciente tuviera que cruzar ninguna frontera para conseguirlo.
Por eso fundé RETYMA en 2023. Y por eso cada paciente que llega a mi consultorio recibe lo mismo que recibieron mis pacientes en Guinea Ecuatorial y en Angola: todo lo que sé, todo lo que puedo hacer, y la convicción de que si hay forma de ayudarle, la vamos a encontrar.
Lo que quiero que sepas si estás leyendo esto
Si llegas a RETYMA con un diagnóstico que te asustó, o con una segunda opinión que no te convenció, o simplemente con miedo de lo que puede estar pasando con tu visión — quiero que sepas algo:
He operado en condiciones que la mayoría de los especialistas nunca van a enfrentar. He visto casos que parecían no tener solución y que terminaron bien. He aprendido en tres continentes que la medicina funciona mejor cuando el médico se niega a rendirse antes de tiempo.
Eso es lo que traigo a cada consulta.
Si tienes dudas sobre tu salud ocular, agenda una valoración. Te explico todo, sin prisa y sin letra chica.
📍 Plaza QIN, Calzada San Pedro 603, local 403B, San Pedro Garza García 📞 (818) 168-6111 · WhatsApp (818) 168-6166
